Un dibujo de hoja, un higo partido, unas puntadas alrededor de un tallo: puedes conservar el mismo motivo y darle una presencia distinta cambiando de hilo.
En el taller, los higos fueron la ocasión de explorar el bordado con lana, con hilos Saint-Pierre de J. Toulemonde y Appleton. El dibujo, creado por mi hermana, permitía trabajar varias superficies: frutos, hojas y pequeños detalles. Este proyecto plantea una pregunta interesante: ¿qué hay que adaptar cuando se pasa del algodón a la lana?
El material forma parte del dibujo
A menudo elegimos un hilo por su color. Sin embargo, su textura cuenta igual. Un mouliné de algodón y una lana de bordar no tienen la misma presencia sobre la tela: el aspecto del hilo, su grosor y la forma en que capta la luz influyen en el resultado.
La comparación depende de las referencias utilizadas. No todas las lanas tienen el mismo grosor, y no todos los algodones se parecen al mouliné clásico. Para explorar estas diferencias, es mejor comparar dos hilos concretos que intentar oponer los materiales en general.
Obsérvalos de cerca y luego aleja la labor. ¿El cambio se nota sobre todo en los contornos, los rellenos o las zonas en relieve?
El crewelwork, una vía para descubrir la lana
El crewelwork es una forma de bordado de superficie realizada con lana de bordar. Las hojas, las flores y las composiciones vegetales ocupan en él un lugar importante, con una gran variedad de puntos y texturas.
Puedes inspirarte en él sin reproducir una composición histórica. Una hoja aislada o un pequeño fruto bastan para empezar a explorar las posibilidades de este material.
Lo más interesante es elegir un motivo lo bastante sencillo como para poder observar el hilo. Si descubres a la vez un material, diez puntos nuevos y un dibujo muy detallado, te costará más entender qué te conviene.
Conservar tus puntos, revisar tus costumbres
Cambiar de hilo no obliga a empezar de cero. Puedes probar un punto de tallo, una cadeneta o pequeños puntos de relleno que ya conozcas.
En cambio, no traslades automáticamente las indicaciones de un mouliné de seis hebras. Comprueba cómo debe usarse tu lana: algunos hilos se trabajan tal cual y su construcción no se presta a la separación habitual del mouliné.
Prepara una pequeña muestra. Si el hilo se estropea al pasar la aguja o cuesta tirar de él, revisa el ojo de la aguja, el largo de la hebra y la compatibilidad con la tela antes de continuar.
Elegir una primera composición
Una hoja con un nervio central es un buen tema de comparación. Borda una versión en algodón y luego otra con tu lana de bordar, sobre un soporte adecuado.
Conserva primero el mismo dibujo y el mismo punto. Anota después lo que quieras ajustar: la separación entre puntadas, su longitud, el contorno o el espacio que dejas a la tela.
Puedes hacer una tercera prueba modificando solo uno de estos parámetros. Es una forma sencilla de entender por qué una versión te gusta más, sin multiplicar los cambios a la vez.
Pensar en el uso de la labor
Un bordado destinado a colgar en la pared y un motivo en una prenda que se lava con frecuencia no tienen las mismas exigencias. Antes de empezar, consulta las instrucciones de cuidado de tu hilo y de tu tela.
Para descubrir una lana nueva, una pequeña labor decorativa te permite concentrarte en los puntos. Guarda las referencias utilizadas junto con tu muestra: te serán útiles si quieres retomar el proyecto o completar un color.
No tienes por qué elegir definitivamente entre algodón y lana. Las pruebas sirven precisamente para descubrir qué material te apetece seguir trabajando.
Para un proyecto concreto, encuentra el tutorial de los higos bordados y su patrón para descargar. Te permitirá descubrir el dibujo, los pasos y los hilos utilizados en el taller.


