Todo parecía empezar bien: el dibujo estaba transferido, los hilos elegidos y la tela colocada en el bastidor. Luego aparecieron pequeñas arrugas alrededor de las puntadas. O quizá descubriste el problema al sacar tu bordado del bastidor: el motivo es bonito, pero la tela se frunce a su alrededor.
Este fruncido no significa que tengas que empezar tu labor de nuevo. Sobre todo, te invita a fijarte en tres cosas: cómo se sujeta la tela, la tensión de tus puntadas y el grosor del hilo.
Empieza por identificar el tipo de arruga
Una marca circular dejada por el bastidor y unas arrugas que convergen hacia el motivo no cuentan lo mismo.
La primera corresponde al lugar donde los dos aros apretaron la tela. Las segundas pueden aparecer cuando las puntadas juntan los hilos de la tela en lugar de simplemente posarse sobre su superficie.
Retira el bastidor y coloca la labor en plano, sin tirar. Observa dónde empiezan las arrugas. Si siguen una zona muy rellena, céntrate en esa parte. Si aparecen en toda la pieza, revisa también la tela y cómo la colocaste.
Tirar del hilo lo justo
Cuando empiezas, puede que te apetezca tirar con fuerza para conseguir una puntada bien nítida. Sin embargo, una puntada demasiado apretada puede deformar la tela.
Prueba a ir más despacio al final del movimiento. Pasa el hilo y deja de tirar en cuanto la puntada repose correctamente sobre la superficie. La tela no debería hundirse en su extremo.
Para hacerte con esa sensación, borda una pequeña línea en un retal. Compara algunas puntadas apretadas a propósito con otras colocadas con más suavidad. Este pequeño ejercicio te ayuda a reconocer el momento en que el hilo empieza a arrastrar la tela.
Revisar el bastidor
Una tela que se afloja mientras bordas hace más difícil conseguir regularidad. Comprueba de vez en cuando cómo está sujeta y reajústala con suavidad si hace falta.
El objetivo es una superficie estable, con un dibujo que conserve su forma. Si el círculo que dibujaste se vuelve ovalado al montar la tela, probablemente la hayas estirado de forma desigual.
Evita también dejar un bordado a medias apretado en el bastidor durante mucho tiempo: los aros pueden marcar la tela. Entre una sesión y otra, aflójalos o retira la labor cuando convenga al proyecto.
Adaptar el hilo al dibujo
Una hojita de unos milímetros no necesita el mismo grosor de hilo que una flor grande. Un hilo demasiado voluminoso puede dificultar el paso por la tela y animarte a tirar más.
Si tu patrón indica un número de hebras, empieza por esa indicación. Para una adaptación personal, prueba un grosor más fino en un retal, con el mismo punto y la misma tela.
Fíjate también en el tamaño del dibujo. Reducir mucho un motivo sin adaptar sus puntadas puede dar lugar a una zona demasiado cargada. Los detalles que funcionan con diez centímetros de ancho a veces resultan difíciles de bordar con cinco.
¿Se puede corregir un bordado que ya está fruncido?
Para una arruga superficial, puede bastar con dejarlo en plano. En cambio, volver a tensar con fuerza el bastidor no corrige unas puntadas demasiado apretadas: solo puede disimular el problema mientras la labor siga montada.
Si una zona pequeña es claramente la responsable, deshazla con cuidado, sin cortar la tela, y vuelve a bordarla con una tensión más suave. Empieza solo por unas pocas puntadas y observa el resultado.
El planchado depende de la tela, los hilos y los posibles adornos. Comprueba sus instrucciones antes de hacer nada y evita aplastar los relieves. El planchado no sustituye la corrección de puntadas que deforman realmente la tela.
Para tu próximo bordado, quédate sobre todo con esta referencia: el hilo debe dibujar el motivo sin tirar de la tela hacia sí. Unas cuantas puntadas de prueba antes de empezar pueden ahorrarte muchas dudas.
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